La Revista Juglar es una publicación especializada en teatro y artes. Su primer número fue dedicado a la memoria de Antonieta Mercuri. El artículo que a continuación se publica apareció como editorial de la Revista sin que fuera elaborado para ese fin. A dos años de fallecida los homenajes en su memoria no cesan de realizarse por quienes fuimos sus alumnos y admiradores. El teratro vuelve a la escena con el poder propio de una fuerza constituyente.
MEDIO SIGLO DE HISTORIA CON ROSTRO DE JUGLAR
Por
J. Carlos Vinasco Gamboa
Hace
algún tiempo obtuve un ejemplar del libro Historia del teatro en Colombia del
escritor Fernando González cajiao, ya fallecido, autor, entre otras piezas
teatrales, de El Globo, puesta en escena junto a En algún lugar es de noche, de
Ignacio Gómez Dávila, y presentadas en el año de 1968, en el primer festival
nacional de teatro universitario, en el Teatro Municipal de Cali y que hoy
lleva el nombre de Enrique Buenaventura, por el grupo de teatro del Instituto
de bellas Artes de la Universidad tecnológica de Pereira, bajo la dirección de
Antonieta Mercury. Una notable
presentación de la obra de González Cajiao terminó con una lluvia de huevos
sobre el escenario. Llevar huevos para
arrojarlos al final de la obra era algo evidentemente premeditado. Este acto
inusual nada tenía que ver con el grupo de teatro, ni con los actores, menos
aún con Antonieta Mercury; sabemos que eran conflictos externos que
relacionaban al autor de la obra a quien se quería demeritar sin que hasta hoy,
después de tantos años, haya podido saber con certeza el origen de semejante
despropósito. Los actores salieron
airosos pues ninguno de los huevos reventó en sus caras pero atrás se
escuchaban los gritos de los exaltados contra la obra teatral. Luego se dijo que entre tales se encontraba el
joven intelectual, estudiante de la Universidad Santiago de Cali, Ricardo
Sánchez Ángel, a la cabeza de un grupo nadaísta enemigo del autor de la obra
González Cajiao. Años después pregunté
al brillante activista y luego filósofo
acerca de la veracidad de su participación en los hechos y lo negó
rotundamente al igual que entonces hubiera sido nadaísta. Y aclaro esto por
razones de verdad y de justicia. Fue en
1968 que conocí a Fernando González Cajiao y no volví a verle. En los años 90 del siglo pasado obtuve el
ejemplar sobre la historia del Teatro en Colombia. Primero lo hojee y luego lo
leí. Descubrí entonces algo que me dejo
pasmado, como si hubieran arrojado de nuevo huevos sobre nuestra cabeza. El autor desconocía la trayectoria teatral de
nuestra región, la desconocía no en el sentido que no la conociera sino en el
sentido que la negaba, pero no la negaba en el sentido que la rechazara bajo
móviles críticos sino que la silenciaba.
Para el autor nunca en Pereira se realizó el montaje de su obra, nunca
existió el teatro universitario y ningún otro teatro o corriente distinta y
menos aún reconoció valor alguno a Antonieta Mercuri. En otras palabras, no existimos para la
historia del teatro en Colombia de Fernando González Cajiao. Pero una injusticia no equivale a una
verdad. También el fascismo
universitario y las castas locales tenían el propósito de desaparecer de la
memoria histórica y cultural de la ciudad el gran teatro que aquí se hizo, a
tal punto que las nuevas generaciones se han hecho a la idea que el teatro en
Pereira comenzó con ellos, que detrás nada existió y si existió no vale la pena
pues todo lo de aquellos tiempos ya esta pasado de moda, este es el modo de
pensar de los enterradores.
El
escenario teatral se pobló entonces de los prodigios que eran capaces de
realizar grandes talentos como el de Antonieta Mercuri. pereirana, descendiente de padre italiano
obtuvo el premio nacional a la mejor actriz de teatro en 1964, dejando a la
vera a Fanny Mickey, lo que le valió una beca para estudiar en Italia para
luego regresar a Pereira en 1968 e iniciar un proceso destinado a transformar
por completo la historia cultural de la ciudad.
Tennessee Williams, Antón Chejov, Bertolt Brecht, Jairo Aníbal Niño,
Fernando Arrabal, Ionesco, etc, todo esto creó el ambiente propicio para la
irrupción de grupos y corrientes artísticas que rápidamente se difundieron
sentando un precedente sin antecedentes en nuestra ciudad. Antonieta, Toñita, como la llamábamos
cariñosamente, estaba en la vanguardia del arte. Entonces, se le ocurrió la gran idea de
llevar al escenario teatral al propio García Márquez. Primero fue el Coronel no tiene quien le
escriba. Primer montaje teatral de esta
novela corta en el mundo. Con los años
me encontré a un compañero de colegio que se había marchado de la ciudad a
recorrer el mundo y quien estuvo presente en el estreno de la obra, era el año
de 1970, en el teatro del Colegio de los sagrados Corazones, por la avenida 30
de agosto, donde se habían representado obras de enrique Buenaventura, como Los
Papeles del Infierno, y 6 horas en la vida de Frank Kulak, en esta última actuó
Andrés Caicedo a quien entonces conocí en Pereira y departimos un rato antes de
la presentación en compañía de Fernando Marín; pero voliviendo a nuestra
historia, aquel amigo de colegio con quien me encontré años después, me dijo
que había visto teatro en todas partes del mundo donde había ido, esa fascinación
por el teatro nació aquí, y luego me miró fijamente a los ojos y dijo, pero
munca vi nada semejante al Coronel no
tiene quien le escriba. Antonieta
Mercuri logra este milagro. Yo
interpreté al Coronel, Fernando Marín como narrador, la asmática esposa del
coronel interpretada por una joven universitaria cuyo nombre olvido en este
momento, pero que actuó magistralmente en otras obras, y en el elenco, Omaira
Vera, Hernán acuña, hoy escenógrafo del teatro de Alicia Kaplan en la ciudad de
Nueva York, Carolina Cataño, gran actriz que interpretó a teresa carrara en los
Fusiles de la Madre carrara, entre otros y otras,, participaron de este
excepcional montaje. Luego vendrían
otras obras del gran escritor que Antonieta adaptaba al teatro como El Otoño
del Patriarca y tantas otras, como el episodio de la masacre de las bananeras
en el montaje de Bananeras, donde realiza plenamente su visión brechtiana del
teatro épico, y otros actores y actrices inolvidables, pero yo ya no estaba
allí y esta parte de la historia que debe completarse, nos la contarán Lilian
Salazar, Martha Montes, Luz Deifilia Sánchez, Rreina, para todos los tiempos. Y
tantos otros.
Cuando
volví había una gran agitación en la ciudad y Antonieta con su teatro estaba en
la huelga estudiantil y obrera, en la toma de la fábrica, en la lucha callejera
hasta que llegó la hora de la partida.
Así como la burguesía desmontó las fábricas para expulsar a la clase
obrera, la universidad expulso a Antonieta para desmontar el teatro,su
historia, sus luchas. Ya sin teatro,
quedamos como los obreros fuera de las fábricas, los obreros se dispersaron
como nómadas por la sociedad, nosotros retornamos al juglar y donde quiera que
vamos somos ese juglar y como lo dijo Merardo aristizabal, somos Toña,
deambulando por el mundo, con el teatro a cuestas.
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