sábado, 1 de marzo de 2014

Medio siglo de historia con rosro de juglar



La Revista Juglar es una publicación especializada en teatro y artes. Su primer número fue dedicado a la memoria de Antonieta Mercuri.  El artículo que a continuación se publica apareció como editorial de la Revista sin que fuera elaborado para ese fin.  A dos años de fallecida los homenajes en su memoria no cesan de realizarse por quienes fuimos sus alumnos y admiradores.  El teratro vuelve a la escena con el poder propio de una fuerza constituyente.

 

MEDIO SIGLO DE HISTORIA CON ROSTRO DE JUGLAR

Por  J. Carlos Vinasco  Gamboa
Hace algún tiempo obtuve un ejemplar del libro Historia del teatro en Colombia del escritor Fernando González cajiao, ya fallecido, autor, entre otras piezas teatrales, de El Globo, puesta en escena junto a En algún lugar es de noche, de Ignacio Gómez Dávila, y presentadas en el año de 1968, en el primer festival nacional de teatro universitario, en el Teatro Municipal de Cali y que hoy lleva el nombre de Enrique Buenaventura, por el grupo de teatro del Instituto de bellas Artes de la Universidad tecnológica de Pereira, bajo la dirección de Antonieta Mercury.  Una notable presentación de la obra de González Cajiao terminó con una lluvia de huevos sobre el escenario.  Llevar huevos para arrojarlos al final de la obra era algo evidentemente premeditado. Este acto inusual nada tenía que ver con el grupo de teatro, ni con los actores, menos aún con Antonieta Mercury; sabemos que eran conflictos externos que relacionaban al autor de la obra a quien se quería demeritar sin que hasta hoy, después de tantos años, haya podido saber con certeza el origen de semejante despropósito.  Los actores salieron airosos pues ninguno de los huevos reventó en sus caras pero atrás se escuchaban los gritos de los exaltados contra la obra teatral.  Luego se dijo que entre tales se encontraba el joven intelectual, estudiante de la Universidad Santiago de Cali, Ricardo Sánchez Ángel, a la cabeza de un grupo nadaísta enemigo del autor de la obra González Cajiao.  Años después pregunté al brillante activista y luego filósofo  acerca de la veracidad de su participación en los hechos y lo negó rotundamente al igual que entonces hubiera sido nadaísta. Y aclaro esto por razones de verdad y de justicia.  Fue en 1968 que conocí a Fernando González Cajiao y no volví a verle.  En los años 90 del siglo pasado obtuve el ejemplar sobre la historia del Teatro en Colombia. Primero lo hojee y luego lo leí.   Descubrí entonces algo que me dejo pasmado, como si hubieran arrojado de nuevo huevos sobre nuestra cabeza.  El autor desconocía la trayectoria teatral de nuestra región, la desconocía no en el sentido que no la conociera sino en el sentido que la negaba, pero no la negaba en el sentido que la rechazara bajo móviles críticos sino que la silenciaba.  Para el autor nunca en Pereira se realizó el montaje de su obra, nunca existió el teatro universitario y ningún otro teatro o corriente distinta y menos aún reconoció valor alguno a Antonieta Mercuri.  En otras palabras, no existimos para la historia del teatro en Colombia de Fernando González Cajiao.  Pero una injusticia no equivale a una verdad.  También el fascismo universitario y las castas locales tenían el propósito de desaparecer de la memoria histórica y cultural de la ciudad el gran teatro que aquí se hizo, a tal punto que las nuevas generaciones se han hecho a la idea que el teatro en Pereira comenzó con ellos, que detrás nada existió y si existió no vale la pena pues todo lo de aquellos tiempos ya esta pasado de moda, este es el modo de pensar de los enterradores.
El escenario teatral se pobló entonces de los prodigios que eran capaces de realizar grandes talentos como el de Antonieta Mercuri.  pereirana, descendiente de padre italiano obtuvo el premio nacional a la mejor actriz de teatro en 1964, dejando a la vera a Fanny Mickey, lo que le valió una beca para estudiar en Italia para luego regresar a Pereira en 1968 e iniciar un proceso destinado a transformar por completo la historia cultural de la ciudad.  Tennessee Williams, Antón Chejov, Bertolt Brecht, Jairo Aníbal Niño, Fernando Arrabal, Ionesco, etc, todo esto creó el ambiente propicio para la irrupción de grupos y corrientes artísticas que rápidamente se difundieron sentando un precedente sin antecedentes en nuestra ciudad.  Antonieta, Toñita, como la llamábamos cariñosamente, estaba en la vanguardia del arte.  Entonces, se le ocurrió la gran idea de llevar al escenario teatral al propio García Márquez.  Primero fue el Coronel no tiene quien le escriba.  Primer montaje teatral de esta novela corta en el mundo.  Con los años me encontré a un compañero de colegio que se había marchado de la ciudad a recorrer el mundo y quien estuvo presente en el estreno de la obra, era el año de 1970, en el teatro del Colegio de los sagrados Corazones, por la avenida 30 de agosto, donde se habían representado obras de enrique Buenaventura, como Los Papeles del Infierno, y 6 horas en la vida de Frank Kulak, en esta última actuó Andrés Caicedo a quien entonces conocí en Pereira y departimos un rato antes de la presentación en compañía de Fernando Marín; pero voliviendo a nuestra historia, aquel amigo de colegio con quien me encontré años después, me dijo que había visto teatro en todas partes del mundo donde había ido, esa fascinación por el teatro nació aquí, y luego me miró fijamente a los ojos y dijo, pero munca vi nada semejante al  Coronel no tiene quien le escriba.  Antonieta Mercuri logra este milagro.  Yo interpreté al Coronel, Fernando Marín como narrador, la asmática esposa del coronel interpretada por una joven universitaria cuyo nombre olvido en este momento, pero que actuó magistralmente en otras obras, y en el elenco, Omaira Vera, Hernán acuña, hoy escenógrafo del teatro de Alicia Kaplan en la ciudad de Nueva York, Carolina Cataño, gran actriz que interpretó a teresa carrara en los Fusiles de la Madre carrara, entre otros y otras,, participaron de este excepcional montaje.  Luego vendrían otras obras del gran escritor que Antonieta adaptaba al teatro como El Otoño del Patriarca y tantas otras, como el episodio de la masacre de las bananeras en el montaje de Bananeras, donde realiza plenamente su visión brechtiana del teatro épico, y otros actores y actrices inolvidables, pero yo ya no estaba allí y esta parte de la historia que debe completarse, nos la contarán Lilian Salazar, Martha Montes, Luz Deifilia Sánchez, Rreina, para todos los tiempos. Y tantos otros.
Cuando volví había una gran agitación en la ciudad y Antonieta con su teatro estaba en la huelga estudiantil y obrera, en la toma de la fábrica, en la lucha callejera hasta que llegó la hora de la partida.  Así como la burguesía desmontó las fábricas para expulsar a la clase obrera, la universidad expulso a Antonieta para desmontar el teatro,su historia, sus luchas.  Ya sin teatro, quedamos como los obreros fuera de las fábricas, los obreros se dispersaron como nómadas por la sociedad, nosotros retornamos al juglar y donde quiera que vamos somos ese juglar y como lo dijo Merardo aristizabal, somos Toña, deambulando por el mundo, con el teatro a cuestas.

viernes, 12 de abril de 2013

CALI: LA CIUDAD FASCINACIÓN



CALI :  LA CIUDAD FASCINACIÓN

Autor: Guillermo Pulecio Corredor

Cuando se pregunta sobre que piensa de Cali en otro lugar del país se empieza  ha desbordar la mas variada interpretación fantástica del sentimiento sobre esta ciudad y puede escucharse cosas como que es una “ciudad muy bella”, que sus “mujeres son muy hermosas”, que es ciudad de gentes alegres en la que solo se vive para la fiesta : “me gustaría ir a Cali a rumbear” se escucha con frecuencia, es decir, ir a liberar sus espíritus de bohemios y bailadores ; algunos piensan aún que es una ciudad deportiva dotada de excelentes escenarios, los mas intimistas recuerdan que después de un día cálido no hay mayor fascinación que la brisa acariciadora que baja de sus cerros a partir de las 3 de la tarde. Que la imagen mas representativa de la ciudad en sus recuerdos es la eterna postal donde aparece la Ermita, pero, que no se pueden imaginar a la ciudad sin los cerros tutelares de Las Tres Cruces y Cristorey, y sobre todo sin el Río Cali. Cuando se habla con la gente sobre que piensa de Cali no se puede hablar sino en lenguaje de evocación de lugares y paisaje.

Dentro de la ciudad,  entre sus moradores, se piensa que hay civismo ciudadano, que ha sido pionera en proyectos demostrativos como la Terminal de Transportes y el Campus Universitario, que por decisión de autoridades municipales se ha llevado la formación  artística a las franjas menos favorecidas de la población con el Instituto Popular de Cultura y el Instituto Colombiano de Ballet,  que por primera vez se creó y se puso a andar una Corporación para la Recreación y el Deporte Popular, que el ciudadano común está acostumbrado a guardar la fila para tomar el autobús, que se cuenta con una de las ciudades mas arborizadas, que “la Torre de Cali” se piensa que es el edificio mas alto de Sudamérica, que la “calle rosa” de la ciudad es la  Avenida Sexta, que a los intelectuales se les puede encontrar en los Cafés de Los Turcos, y que el balneario del río Pance, ahora “Parque de la Salud”, a distancia de autobús urbano no tienen igual en el panorama nacional. Que muchos amamos a los Farallones en secreto, porque en sus faldones, acantilados y cascadas entre la vegetación espesa y recóndita,  se sospecha y se cree que habitan las prístinas deidades protectoras y creadoras de la vida de la ciudad. Dicho y rumiado lentamente lo anterior, con un egocentrismo amoroso por quienes habitamos aquí, en la ciudad de los mil nombres, bien llamada en otrora la “Sultana del Valle” o la “Sucursal del Cielo”, mas recientemente fue la “Capital deportiva de América”, “Cali la Bella” o “Cali Pachanguero” y que, últimamente se cree desde el punto de vista oficial, es la “Ciudad de los siete ríos”.

Cuando se piensa en esta ciudad también se añora la ciudad del recuerdo, no hace mas de treinta años era un pueblo con sus personajes típicos y sus lugares de encuentro, no se puede olvidar que existieron personajes tan propios y tan importantes para la alucinación colectiva y estrafalaria como fueron “la reina Jobita”, “Pacho saco”, el cuentero de la exageración y sobador “Riverita”, de los travestidos “La Mirla” y “Botello”, del limosnero “Guerra” y mil mas que no fueron registrados ni percibidos por la pintura y la literatura urbana, tan propios como “La maceta”, el Champús” y el “pandebono” ;  de lugares desaparecidos como el “charco del burro” (hoy La Tertulia), el viejo obelisco, el Hotel Alférez (hoy el parquecito de los Poetas), la Gobernación de San Francisco y el  batallón del Paseo Bolívar  (hoy el CAM) que fueron demolidos en aras del “progreso” de la ciudad. Como olvidar que se tejía una cultura para aprende a amar este terruño cuando refiriéndose a sus límites y a la fuente de progreso económico en las ferias se pasaban consignas como ¡Viva Cali, chipichape y Yumbo !  ¡Cali es Valle, lo demás es loma ! con un orgullo inocente, con las ganas de que la fiesta se hiciera interminable. Claro que era posible esa alternativa y  se cantaba “del puente para allá Juanchito, del puente para acá es Cali”  y en efecto se podía amanecer en Candelaria. Una ciudad del recuerdo donde la mayoría de los habitantes teníamos algún tipo de relación con el Centro de la ciudad, hoy en día se puede vivir satelitalmente y prescindir de la autoidentificación con esos hitos contenidos en el centro viejo de la ciudad, hoy existen uno o varios centros por comuna en una tendencia a la dispersión permanente, trazado desde los años setenta por los planificadores cuando se propuso como estrategia la creación de polos de desarrollo para hacer ciudad desde este punto de vista funcional.